La expo de la Expo 92: lo que supuso para sus artistas

Amodo de epílogo de la exposición ‘La Expo de la Expo’92’, organizada por Tuki&Co en Un gato en bicicleta, queremos rescatar algunas reflexiones y recuerdos de los artistas que han participado en esta muestra colectiva. La exposición ha sido comisariada con motivo del 25 aniversario de la Expo’92 y de la llegada de Curro a nuestro imaginario colectivo, la mascota que supuso el referente visual de este acontecimiento y que desde entonces tenemos guardada a través de múltiples objetos de souvenir. Los artistas participantes se han inspirado tanto en los paisajes pasados y presentes como en la recordada mascota del evento, Curro. Todos han plasmado, eso sí, su mirada personal: desde la crítica a la nostalgia.

Obra de Tuky&Co

Queríamos saber, más allá de su obra, qué fue lo más significativo para ellos, qué anécdota, reflexión o recuerdo prevalece en su memoria. Para Ro Sánchez, la Expo’92 fue un revulsivo, una inyección de cultura para Sevilla, una época vibrante que marcó a su generación con la llegada de música, artes escénicas o publicaciones de arte en una ciudad que por aquel entonces no estaba tan a la vanguardia, y en un momento histórico en el que aun no existía internet, por lo que el acceso a la cultura era mucho más complicado. “Seguramente, si no hubiera ido a la Expo, no me hubiera dedicado a lo que hago hoy en día”, nos explica Ro Sánchez, artista multidisciplinar.

También ha recalcado un aspecto que ha tenido consecuencias que siguen llegando —quizás con más fuerza que nunca— hasta hoy en día. “Con la Expo’92 se construyó una infraestructura que tuvo efectos enormemente positivos, como fue y sigue siendo el Teatro Central; pero también supuso el principio de una gran lavado de cara para la ciudad que no siempre fue en beneficio de todos los comercios, barrios y vecinos. Cuando organizan exposiciones universales, no quieren que se vea la miseria”. En definitiva, para Ro Sánchez, su recuerdo de este evento es como un boom, una explosión que pilló a muchos jóvenes de 20 años con todas las ganas de acercarse a las nuevas nacionalidades y tendencias que en Sevilla se dieron lugar.

También Manuel Zapata nos ha dado su opinión: “25 años después nos hemos contentado con la revisión nostálgica de aquello que fue y que no perduró más que como un momento de euforia colectiva para la ciudad. Sí, ganamos en infraestructuras, visibilidad internacional y nos posicionamos en el mundo, pero sin soltar la mano a una anquilosada tradición.  Me pregunto, ¿qué ha pasado en Sevilla 25 años después de la Expo 92? Un hundimiento prematuro que dejó a la ciudad un “novísimo patrimonio”, un barco, un puente o una carretera… y la sensación de no haber ocurrido nada más tras él y la imposibilidad de trascender dicho acontecimiento. 25 años después es revisado desde la nostalgia lo que supuso para la ciudad este fugaz evento en torno al cual no hay nada que celebrar.

Obra de Manuel Zapata (Proyecto The Tourist)

Para Rafa García Forcada, el paso de la Expo’92 supone un recuerdo claro: “Torneo era un muro pintado de graffitis, era lo primero que se veía al entrar en Sevilla. Aquello desapareció, quedando al descubierto una ciudad distinta. El muro separaba la carretera “del río” de lo que después fue la Expo”. En esta línea, rescatamos un interesante artículo publicado por el eldiario.es y que dice lo siguiente:

“Aquellas obras acababan, por fin, con una Sevilla dividida en dos por un muro, que escondía un río y que, casi por arte de magia, brotó a la vista de todos. Cuenta la hemeroteca que si la Exposición Iberoamericana de 1929 le había brindado a la ciudad la majestuosa avenida de la Palmera, la Expo del 92 le regalaría a la ciudad la nueva calle de Torneo. Las dos arterias terminarían uniéndose mientras el río fluía junto a ellas: el norte y el sur de la ciudad quedaban por fin hermanados.”

Dársena del Guadalquivir. FOTO: Paco Cazalla

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