Los mundos de Nuria Están en Zález

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UANDO NURIA LLEGÓ A SEVILLA

Animados por las, por fin, primeras lluvias de otoño, nos damos nuestro paseo diario por Soho Benita para acabar en Zález, donde nos recibe Nuria con la persiana del local recién abierta.

Natural de Badalona, nos cuenta que estudió  Diseño de Moda en la escuela Felicidad Duce de Barcelona. Ya afincada en Sevilla, su proyecto comienza a crecer casi sin darse cuenta: “Empecé en mi casa, de mi casa pasé a un taller compartido con unos músicos y una pintora. Yo lo que hacía era vender a otras tiendas, ferias de moda, ferias de artesanía…“.

¿Y por qué los bolsos en todas su variedades?: “Empezó siendo un tema de necesidad de espacio para trabajar en casa y me empezó a enganchar”.

EL ATERRIZAJE DE SOHO BENITA

Abrir brecha puede resultar duro, aunque más que una apuesta puede que se trate de tener olfato y ver las posibilidades donde otros ven inconvenientes “Abrí hace seis años, muchas de las que están no existían: la Encarnación estaba en obras, era una calle de poco tránsito…  Me fijé en esta zona porque mi amiga Lorena abrió la tienda Isadora  — tan bonita—, la zona me gusta y poco a poco se fueron sumando más“. La finalización de las obras de Las Setas amplió los recorridos tanto de turistas como de locales por la zona y Soho Benita se desarrollo tal y como hoy la conocemos. Nuria subraya algunas de las principales características  en común de las tiendas: “Valoramos la artesanía y la calidad”. Fuera del circuito de las cadenas de franquicias despersonalizadas, “es como entrar en casa de cada uno“, apostilla.

¿UNA TIENDA EN UN TALLER O UN TALLER EN UNA TIENDA?

¡Ambas cosas! El por qué de esta modalidad de establecimiento queda muy clara: “En Barcelona, veía muchas tiendas-taller. Par mi era algo muy chulo: tener tu tienda y que te vean trabajar. Veo que cuando gente que no la conoce, entra y ve que el taller está integrado y de dónde sale el producto con la propia persona que lo está fabricando, de repente le dan mucho más valor“.

CUANDO EL PRODUCTO PUEDE SER BONITO Y A LA VEZ  MUY ÚTIL

Cuando transportar pequeños objetos cotidianos se convierte en arte, el factor de la utilidad toma otro cariz. En Zález encontramos bolsos de todo tipo: de fiesta, grandes para ir a trabajar y más pequeños para salir a cenar o de copas.

Seguimos avanzando cuando le echamos un vistazo a mochilas tipo saco y más cuadradas con el asa más ancha. “Con ellas me lo paso muy bien porque tienen muchas piezas y cada una puede ser diferente. Hacer mezclas para mí es muy divertido”, nos cuenta Nuria mientras recorremos el local. También hacemos parada en las riñoneras, las cucas mochilas infantiles y los elegantes joyeros de viaje.

En los monederos y neceseres de todos los tamaños, vemos que tenemos diferentes sistemas de apertura —cremalleras, botones— o compartimentos para billetes y tarjetas.

 

UN ESTILO LIBRE LIGADO AL PROCESO

“Juego mucho con combinaciones de estampados de colores, bieses… me encanta combinar colores y formas. Yo hago diseño, patronaje y la costura, todo el proceso de la producción. Me gustan mucho las geometrías, jugar con las formas geométricas curvas, todo es un poco orgánico, diría yo, y las telas tienen mucho protagonismo.”

En la elaboración de estos básicos cambiantes la selección de materiales es muy  concienzuda: “Hago la selección de telas y hago la colección, pero desde que empecé a vender telas en la tienda el abanico se me abre totalmente. Al tener más clientes juego con mil telas más. Puedo decir ‘hoy hago bolsos como más serios, más clásicos para gente más discreta’ y otro día me pongo a hacer bolsos o mochilas con amarillos, rojos… el tener a la venta las telas me permite tener mucha variedad de producto que luego yo confecciono aquí“. El gusto está en variedad, afirma el dicho: “Hago cosas súper discretas y otras súper llamativas“.

Nuria nos explica la diferencia entre los básicos y las colecciones “Una cosa es la colección que yo presento, que es mucho más cerrada y otra es el trabajo diario que hago en la tienda. La colección cerrada que presento cada seis meses tiene más coherencia al ser más pequeña, con una línea muy marcada“.  Y por fin, alguna pista de lo que está por venir: “Por ejemplo, este año son color mostaza, grises y marrones”.

De esta nueva e inminente colección de invierno nos avisa: “Voy al día, lo que coso hoy lo puedo vender mañana. ¡no hay lanzamiento!”. Entre divertida y entusiasmada Nuria explica: “No hay ni una flor, no hay estampado es todo liso. Estoy súper orgullosa después de diez años cosiendo”. Sin dejar de lado su estilo (ni abandonar los estampados florales o geométricos de la línea básica), en esta ocasión ha preferido jugar con los materiales y sus colores: antelinas, polipiel o sargas. ¿El resultado? Una combinación de texturas, colores y figuras geométricas de línea sencilla y sobria con, por ejemplo, el punto de originalidad añadido del bonito patrón del bolso en forma de haba.

CLIENTES: UNA RELACIÓN ABIERTA CON LA EXCLUSIVIDAD AL ALCANCE DE TODOS COMO BANDERA

“La mayoría son mujeres entre 30 y 60 años. Tengo clientas maduras con la cabeza muy bien amueblada (ríe)“, podría ser, según Nuria, el perfil más común dentro de la variedad de personas que se acerca a Zález.

En lo que suele coincidir es el tipo de relación que se establece: “Hay feedback de todo tipo. Desde el ‘me ha encantado’, el  ‘llevo dos años sin quitarme tu mochila’, o el ‘me he ido de viaje al Pirineo con tus mochilas’, a gente que dice ‘mira, me gusta mucho eso pero ¿por qué no le pones un bolsillo más?, ¿por qué no lo haces más pequeño?’…”. La cercanía y diálogo directo con la creadora son aprovechados para que sus productos evolucionen y mejoren de forma constante.

El rimo de producción —siempre artesanal y en la misma tienda— es constante. Hay complementos que son únicos y exclusivos, de sólo uno, o pequeñas tiradas de 3 a 10 ejemplares.

Pero aún hay más si con el variadísimo catálogo de piezas que hay expuestas en la tienda no tienes suficiente: “Los clientes pueden venir a la tienda, elegir el patrón —lo que es la forma—, para costumizar esa pieza eligiendo las telas. Se crea un complemento único y exclusivo para esa persona. A veces aprendo un montón, porque las clientas hacen combinaciones de telas que yo a lo mejor nunca hubiera hecho. ¡Hay clientas con muy buen gusto!“, remacha Nuria.

ZALEZ TIENE MUCHA TELA: EL FESTÍN FINAL

Casi todas las telas son 100% algodón o mezcla de algodón y lino: batistas, popelines…”. Con esta base que nos explica Nuria, en Zález encontramos una selección de la Marca francesa Atelier Brunette en la que prima el corte minimalista. De entre el producto japonés vemos estampados florales o clásicos con motivos geométricos a los que se ha añadido el diseño algo más abstracto de Naomi Ito.

Preguntamos a Nuria cuáles son los destinos de estas telas: ropa, mucha de ella para bebé, para tapizar, cojines, encuadernaciones o incluso un traje de flamenca que una clienta hizo con un bonito tejido floral japonés. Nuestra protagonista suele recibir fotos de los resultados finales que acaba publicando en redes, con lo que Zález termina siendo un punto de encuentro para compartir ideas de diferentes creadores.

JOYERÍA Y OTROS COMPLEMENTOS: SI QUIERES UN PASTEL, NECESITAS UNA GUINDA

Acabamos nuestra divertida visita guiada mirando las piezas de joyería que Nuria ha seleccionado entre un ramillete de marcas que comparten el espíritu artesano. Y la verdad es que son piezas que encajan con el sólido estilo heterodoxo de Zález: las juguetonas formas animales de Goodafternine, las soñadoras piezas de LaliBlue o lo materiales cerámicos y metálicos de dsnú, que propician que cada pieza sea única, adornan los estantes.

Nos despedimos de Nuria sin poder evitar admirar el bonito vestido de gatos del  escaparate, hecho de una tela infantil y que sirve para vestir uno de sus originales bolsos. Con una sonrisa nos advierte: “¿Los vestidos?, los hago para mí, es mi momento para relajarme”. Conformarnos con el mundo de posibilidades que nos ofrece Zález, no es poco.

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